miércoles, marzo 31, 1993

Gitanos


1.000 años de viajes en el cuerpo

Los gitanos no usan barba a menos que estén de luto.

Se calcula que en Chile residen aproximadamente unos ocho mil gitanos. Es posible observar sus carpas multicolores en las afueras de las ciudades o grupos de mujeres caminando por las calles, con trajes que evocan lejanos lugares y tiempos remotos. Películas como “Tiempo de gitanos”, artistas como Gipsy King, canciones que hablan de gitanas hermosas. Algo de ellos nos gusta y atrae, pero la verdad es que la mayoría de los chilenos los conoce poco y se deja llevar por los prejuicios. Quien se dirija a la Biblioteca Nacional confirmará lo dicho: acerca de los gitanos (o zíngaros) existe un único libro, editado en Barcelona nada menos que en 1915.

A fines del siglo pasado, estudios profundos del idioma gitano (romané) revelaron una enorme similitud con los dialectos indos. El descubrimiento aclaró que esta gente caucásica oscura tenía por patria el noroeste de la India. Resultaron así emparentados con todos los pueblos indoeuropeos, entre ellos con los iraníes, eslavos y germanos.

Aunque se desconoce la época exacta en que los gitanos –nómades desde tiempos inmemoriales- dejaron la India, es probable que se alejaran de sus fronteras en migraciones sucesivas iniciadas alrededor del año mil d.C. El motivo de su partida se presume que fue la búsqueda de la libertad, pues habrían sido esclavizados al considerárseles una secta menor. Despreciativamente se les llamaba paishatcha (espíritu maligno o demonio nómade).

Aparecieron en Persia en el siglo XI. Al poco tiempo –cuentan crónicas bizantinas- ya eran numerosos en Asia Menor. Desde allí algunos pasaron al norte de África y muchos, cruzando la estepa rusa, llegaron a Europa oriental a comienzos del siglo XIV. Pero fue la invasión del temido conquistador tártaro Tamerlán, que asoló la India en 1398, la que hizo huir a millares de gitanos.

En grandes contingentes éstos arribaron a Europa occidental en pleno Renacimiento, durante el siglo XV. Rápidamente se expandieron por el continente, desde los países balcánicos hasta Finlandia y España.

Al principio tratados con respeto, por creerlos pobres peregrinos descendientes de antiguos faraones, fueron luego –a causa de su vida errante y costumbres exóticas- rechazados de las poblaciones donde entraban. Acusados de vagos, brujos y ladrones, empezaron a ser perseguidos en toda Europa. Fueron expulsados por la mayoría de los monarcas de Europa occidental.

En la práctica, sin embargo, todas estas leyes y edictos resultaron letra muerta, pues esta gente ha persistido en su forma de vida.

Si bien la segregación nunca se aplacó, durante la Segunda Guerra Mundial rebrotó con gran virulencia. La mayor persecución la sufrieron durante el régimen nazi, en donde murieron por miles asfixiados por el gas en los campos de concentración. El número de víctimas, dependiendo la fuente, varía desde los 40.000 hasta el medio millón.

En los últimos 150 años estos vagabundos se expandieron y se hicieron a la mar. Así, han llegado a las Américas y Australia, escapando de las atrocidades de las guerras.

Empezaron a llegar a Chile desde fines del siglo pasado. Provenientes de variadas naciones. La gran mayoría eran tribus originarias de regiones como Serbia (Austria-Hungría), que arribaron masivamente a nuestro país escapando de la Primera Guerra Mundial, en 1918. Vinieron también rumanos, rusos y un pequeño pero influyente número de familias del norte de Africa, específicamente, egipcios y libios. Aquí unieron sus nombres y costumbres. Los europeos impusieron sus apellidos eslavos y los norafricanos, aprovechando nuestro clima benigno, propagaron la tienda beduina en reemplazo del tradicional carromato.

Sagrada virginidad

Para develar algo el misterio que rodea a los gitanos, el canelo tomó contacto con la familia Aristich, cuya casa se encuentra en el paradero 18 y medio de la Gran Avenida, en la comuna de La Cisterna de Santiago.

El núcleo familiar está compuesto por el padre (dade en gitano), Nicolás; la madre (male), Lucrecia; tres hijos (chavrós): Hugo, Jorge y Nino; y por tres hijas (chorrís): Lola, Pantera y Esmeralda. Junto a ellos vive una tía (vivi) de Nicolás: Carmen.

La casa de los Aristich es blanca, con un amplio patio delantero cubierto de piedrecillas. En él está la camioneta de la familia, tipo Chevrolet C-10. El interior de la construcción es amplio, con varias habitaciones y techo alto. Abundan alfombras de tonos rojos y cortinas azules. En la sala que hace de recibidor hay sillones y un sofá. Las demás piezas tienen cojines y sillas. En las paredes hay fotografías familiares, de esas en blanco y negro que son luego coloreadas. También hay tapices con la figura de John Kennedy.

-Es que lo queríamos porque era muy humano- explica Lucrecia.

El matrimonio Aristich –primos entre sí- ha viajado por varios países de América visitando paisanos: Estados Unidos, México, Guatemala, Argentina, Perú y Bolivia. En éste último nació su primer hijo, Hugo, en 1965, un año después de que se casaran por acuerdo de sus familias. De cada país han guardado algún recuerdo, como un par de sombreros de charros mexicanos que muestran orgullosos.

Nicolás y Lucrecia ya son abuelos. Hugo está casado con Carmen (Changa) y tienen dos hijas: Lira y Maruzia, de cuatro y siete años respectivamente.

Antes, los padres determinaban con quién se casarían sus hijos. Actualmente, los muchachos pololean informalmente y son ellos mismos los que escogen con quien establecer el noviazgo. La mayoría de los jóvenes se desposa alrededor de los 20 años. Cuando la pareja desea casarse, él se lo comunica a sus padres y éstos van a “pedir la mano” a la familia de la muchacha. Una vez que los padres de la novia dan su aprobación, se negocia el precio que se debe pagar por la hija. Generalmente, al final se llega a una suma simbólica de 20 a 30 mil pesos.

Los invitados comienzan a levantar sus carpas, en ruedo, tres días antes de la ceremonia. En ésta, primero se efectúa un almuerzo. Cada tribu en su propia mesa. Los hombres sentados en sillas y las mujeres en el suelo. El plato central es el dolma: arroz con carne molida de cerdo y vacuno, envuelto con hojas de repollo. Finalizada la comida, se simboliza el rapto de la novia por parte de la tribu del novio. Se produce un diálogo y bromas entre las partes, sobre un “corderito” que andan buscando. Por último, una hilera de mujeres, encabezadas por un paisano que lleva una bandera roja, se aleja con la novia al ritmo de la música. Llegan a un poste en el que se coloca el emblema. El novio lo toma con el brazo extendido y la novia pasa tres veces por debajo de él. Se abrazan y todos celebran. Luego, se hace circular una fuente con agua, en la que los invitados depositan sus regalos: billetes de alto valor, monedas de oro y plata.

La fiesta prosigue con el baile: cumbia y música del medio oriente; ésta acompaña la danza gitana típica, llamada romané.

En la madrugada del día tercero, una gitana de edad avanzada revisa las ropas de la novia para dar fe de la virginidad de la muchacha. Si da el visto bueno, se da un disparo al aire, se baja la bandera del mástil y se da a cada uno la mitad de una manzana que colgaba del poste.

En caso de no mostrarse la virginidad de la novia, el matrimonio no queda establecido. La familia de la muchacha debe pagarle a los padres del novio todos los gastos en que incurrieron para la fiesta, “desde la sal para arriba”, dicen.

Entre los zíngaros el divorcio es permitido, sólo es necesario que el que desea terminar el vínculo convoque al tribunal gitano o kris y que dé buenas razones para su decisión. Las causales pueden ser la infidelidad, el maltrato o la falta de amor.

Romané, radio y televisión

Mientras nos servimos un vaso con café gitano (parecido al “turco”), Nicolás cuenta cuáles con las cosas que identifican a los gitanos.

-En primer lugar es nuestro idioma: el romané. Junto con esto está el gusto por viajar, en carpas o con acoplado. Luego, se encuentra el atuendo de las gitanas: el vestido o suñias, la blusa o gat y, en las casadas, el pañuelo o dicló.

Las raíces fonéticas y gramaticales del romané nacen del sánscrito, el antiguo lenguaje sagrado de la India. Enriquecido después principalmente con palabras persas, griegas y eslavas, es hoy una lengua vivaz y muy expresiva, que lamentablemente carece de una tradición escrita.

-Nosotros sólo hablamos castellano cuando hay chilenos presentes. Si estamos entre gitanos, conversamos solamente en romané –explica Lucrecia-.

Cuando pensamos lo hacemos con palabras del idioma gitano, por lo que hablar español nos significa un esfuerzo de traducción.

Jorge, a su vez, comenta que es muy fácil aprender el romané, mucho más que el inglés, dice, ya que la construcción de las frases es parecida al castellano.

-Hace unos años atrás conocimos a un chileno que quería aprender el idioma gitano. Le enseñamos un vocabulario bien completo que él iba anotando en un cuaderno. Luego no lo vimos por un tiempo y, cuando regresó, hablaba perfectamente el romané- cuenta Jorge.

Si bien es cierto que las nuevas generaciones saben leer y escribir en castellano, no puede decirse que sean amantes de la lectura. Los medios de comunicación preferidos por los gitanos son indiscutiblemente la radio y la televisión.

Ver imágenes de otros paisanos o escuchar el romané en medios audiovisuales les produce gran satisfacción.

-Fue muy emocionante oír el mensaje que en idioma gitano dio un paisano, diputado español al Parlamento Europeo, en un programa de televisión. También el Papa nos habló en romané cuando hizo la bendición a todo el mundo; nos sentimos muy halagados –comenta Nino con orgullo.

Por el hecho de no contar con registros escritos, en el ambiente gitano no es raro que existan tantas versiones sobre un suceso del pasado como paisanos que la cuentan, y que todos digan: “no le crea mucho a ése, yo le voy a contar la verdad”. Un chileno que conozca poco a los gitanos seguramente los encontrará muy “cuenteros”. Desde el ángulo zíngaro, los gallé (no gitano) somos bastante poco cumplidores de nuestra palabra: “mentirosos”. Para los gitanos el compromiso oral es de enorme importancia, tanto como lo es para un chileno un documento escrito y firmado.

“No hacemos el servicio militar”

Nicolás se dedica a la compra y venta de artefactos en general y es aficionado a concurrir a las casas de remate.

-En Chile hay mucha delincuencia porque los sueldos son muy bajos y hay demasiada diferencia entre ricos y pobres. La educación y la salud deberían ser gratuitas –afirma Nicolás.

Con respecto a la política nacional, Nicolás comenta que muchos tienen carné electoral y que también votan en las elecciones, pero que lo hacen individualmente, sin ponerse de acuerdo entre los paisanos. No obstante, reconoce que los gitanos prefieren la democracia y la libertad.

-Los gitanos somos no violentos, pacíficos. Es muy difícil que un conflicto entre nosotros termine con muertos, como pasa entre ustedes. No nos gustan las guerras y no hay gitanos extremistas. Ningún paisano se presentaría de voluntario para la guerra. Los jóvenes de nuestro pueblo no se inscriben en los cantones de reclutamiento, por lo que no hacen el servicio militar.

Lucrecia es, para los clientes que la frecuentan, la señora Teresa, “parasicóloga consejera del hogar con 20 años de experiencia”, que interpreta a través del tarot y del naipe egipcio. Sus pacientes le piden hora al fono 525 18 07 y los recibe en una pieza de su casa decorada especialmente. Las paredes están cubiertas por cortinas que le dan un aire oriental. Sobre una de ellas cuelga un diploma: “Lucrecia Aristich Marincovich. Instituto Mentalista de Chile, 28 de diciembre de 1970”. En un rincón hay una mesa baja cubierta con un tapiz que muestra una imagen de Jesucristo. Encima hay crucifijos y un cáliz dorado, una estatuilla de Buda, un cuadro con figuras de vírgenes y santos y un conjunto de velas multicolores.

-La astrología, la quiromancia y la parasicología no son poderes mágicos. Se adquiere ese conocimiento a través de mucho estudio y práctica. Lo que se desarrolla es una percepción especial, algo así como la sicología- aclara Teresa mirando fijamente a los ojos, como es costumbre entre los gitanos-. Las personas vienen a mi consulta por problemas de comunicación en la familia, dramas amorosos o vacíos existenciales.

Agricultor y gitano, imposible

Una de las leyendas que contaban los gitanos dice que eran descendientes de los faraones y que provenían del antiguo Egipto. Esta versión fue tan difundida entre los europeos, que por ella les denominaron “egiptanos”, que finalmente derivó en gitanos.

El origen mítico más difundido entre los zíngaros hoy en día es el que afirma que provienen de una de las doce tribus de Israel; hijos del legendario Abraham, el primer nómade sobre la tierra. La Biblia lo dice en Jeremías 35:7, 8: “No edificaréis casa, ni sembraréis semilla, ni plantaréis viñedo, ni poseeréis nada, sino que en tiendas pasaréis toda vuestra existencia, para que viváis muchos días sobre la faz del suelo, donde sois forasteros”.

En Chile, la mayoría de los gitanos son católicos, devotos de vírgenes y santos, como San Sebastián, a quien van a visitar los 20 de enero a Yumbel. Aproximadamente un tercio sería evangélico, los cuales asisten a diversos templos, leen mucho la Biblia y rechazan la ingestión de alcohol.

-Entre nosotros hay de todo: cristianos, ateos e incluso hay quienes creen en ése- indica Jorge apuntando con el dedo hacia el suelo, como diciendo “el demonio”-. Personalmente creo en Dios, pero no pertenezco a ninguna iglesia- agrega.

La iglesia adventista gitana del séptimo día está ubicada en el paradero 22 de la Gran Avenida. Se ha convertido en un lugar de reunión y centro de referencia para los gitanos, quienes la respetan independientemente del credo que profesen. La juventud zíngara se junta los martes y jueves en la tarde, allí rezan, leen la Biblia y escuchan los consejos de pastores gitanos. También organizan colectas para los paisanos enfermos o que han sufrido desgracias y cuentan con un conjunto de muchachos que canta y realiza giras para recolectar fondos. Muchos son los niños gitanos que han aprendido a leer y escribir en los cursos que imparte esta iglesia.

A Lucrecia le interesa mucho el tema de la educación. Todos sus hijos han aprendido a leer y escribir, para lo cual han sido muy rápidos e inteligentes, asegura. Incluso, afirma que los pastores evangélicos les han ofrecido becas, pero que los muchachos no se han interesado.

-Me habría gustado que mis hijos e hijas siguieran estudiando, pero cuando en las escuelas los escuchan hablar el romané se burlan de ellos y entre los mismos muchachos paisanos se mira como raro al que le gusta estudiar. A mí me hubiese encantando seguir una carrera; mi madrina es chilena y con ellos aprecié lo que es el estudio- acota con nostalgia.

Enfatiza que para los gitanos lo más importante son los hijos, en los cuales piensan primero cuando obtienen frutos de su trabajo.

-Los gitanos no tienen patrones, trabajan en forma independiente y prefieren pasar penurias antes de tener uno. En las épocas difíciles, económicamente, el hombre se queda en casa cuidando los niños y la mujer sale a las calles a leer la suerte. La mujer es el pilar de la familia -comenta Lucrecia con orgullo.

Jorge, de 24 años, es mecánico autodidacta y se dedica a recorrer las calles en busca de autos que comprar.

-Una vez encontré un Fiat 600 que era una niña de 17 años. Lo tenía botado, y como deseaba estudiar en un instituto, al ofrecerle $ 80.000 los aceptó gustosa. Mi hermano Hugo lo compró y me dio una comisión de $ 20.000. Le dimos una buena limpieza y él lo vendió en $ 250.000.

Antes Jorge se dedicaba a vender pulseras de cobre que él mismo fabricaba.

-Mi abuelo me enseñó la artesanía con metales. Pero antes de morir me pidió que me dedicara a otra cosa, porque la artesanía dejaba muy pocos dividendos- relata.

Don Francisco y los “patos malos”

Jorge ha conocido a muchos chilenos que no son paisanos (gallé). Con la mayoría ha tenido buenas relaciones, pero no ha faltado quien le haya tratado agresivamente por el hecho de ser gitano.

-Había en la calle estacionado un auto y yo toqué el timbre de la casa para preguntar si es que les interesaba venderlo. Salió un caballero y yo le hablé. Por el acento supo que era gitano y empezó a increparme: “Váyanse de aquí tales por cuales, no quiero saber nada con ustedes, ya los conozco” y con un palo comenzó a darle golpes a la reja. Lo que pasa es que la gente siempre necesita tener alguien a quien considerar su enemigo.

La mayoría de los gitanos santiaguinos habitan en casas entre el paradero 18 y el 27 de la Gran Avenida. Hasta 1989 el barrio zíngaro de la capital era La Palmilla, en Conchalí.

-Allí había muchos “patos malos” –argumenta Jorge-. Una noche un grupo de cabros chilenos atacó con piedras un local en donde nosotros tomábamos algo. Quebraron varios vidrios, y la dueña era una señora chilena muy buena con los gitanos. Unos paisanos persiguieron a los agresores y, cuando los tenían agarrados, uno le dio una puñalada a un gitano. Por suerte, gracias a su corpulencia, se salvó.

También Lucrecia recuerda los robos de alfombras y de partes y piezas de vehículos que sufrieron en La Palmilla.

Entre los muebles y cojines de la casa de los Aristich deambulan armoniosamente cuatro perros pequeños y un gatito. Nicolás reconoce:

-Hay gitanas que andan por las calles, que no tienen casa y son poco aseadas. Rodean a alguien y lo molestan insistentemente. Como les piden que se vayan y ellas son porfiadas, entonces la persona llama a los carabineros.

Nino, de 19 años, interviene:

-El problema es que la gente generaliza por unos cuantos gitanos irresponsables. Cuando los paisanos no tenían casa, y viajaban de un pueblo en otro, no les importaba hacer algunas pillerías porque no volvían a aparecer por allí. Ahora es diferente, los jóvenes gitanos queremos dignificar a nuestro pueblo. Limpiar nuestra imagen trabajando honradamente y con calidad.

Él toca la guitarra, canta y baila. Su objetivo es convertirse en un artista conocido. Ya ha actuado en algunos locales y está juntando dinero para editar un “demo”, para mostrarlo en radios y buscar un productor.

-Cada vez que he actuado en un espectáculo, no falta el chileno que me pregunta por Nasno Nicolich. Él vive actualmente en Estados Unidos y ya no se dedica a cantar- relata Nino.

Don Francisco sale al tapete, como que llevó a los gitanos a Sábados Gigantes:

-Él era nuestro amigo, lo convidábamos a nuestras fiestas. Pero ahora está lejos, en otra...- opina Lucrecia.

“Ser gitana es una lata”

Lucrecia sirve té gitano, de hojas, y al cual se le agregan rodajas de alguna fruta, como limón, durazno o plátano. Se sirve en un vaso de vidrio sobre un pocillo de porcelana. En éste se vierte un poco cuando el té está caliente.

Nicolás enciende un televisor en colores y coloca un video con imágenes de un cumpleaños.

-La fiesta es igual a la de ustedes, con torta, velitas y sombreros. También lo son la Navidad y el Año Nuevo. Lo único que después los adultos hacemos un asado y bailamos –explica Nicolás.

Muestra en la pantalla a un tipo, argentino, no gitano, que se casó con una paisana y que ahora habla romané y va a las fiestas.

-Los matrimonios mixtos resultan cuando hay respeto y simpatía mutua por las culturas. Cuando eso no se da, alguien abandona la suya- comenta Nicolás.

Esmeralda tiene 15 años y es la menor de las hijas de Nicolás y Lucrecia. Es la regalona de su padre y está eximida de hacer labores domésticas en la casa.

-Es que si lava los platos seguro que rompe alguno y si hace el aseo, lo deja a medias- justifica Lucrecia.

Fanática del cantante Juan Gabriel, Esmeralda se queja:

-Me aburro todo el día, este barrio es muy fome, paso aquí encerrada y sola mientras mi hermana Pantera y mi prima Nina pasean por la ciudad.

Con ojos de picardía y una sonrisa agrega:

-Ojalá me muera, ojalá se mueran todos; ser gitana es una lata.

Sin hacerse problemas, Nicolás en tono de burla dice:

-Coloque en la revista que hay una princesa gitana que quiere casarse con un chileno de plata. Que puede venir y llevársela gratis, sin que me pague nada.

Lola Aristich tiene 21 años y es la más callada y tímida de la familia. Sus hermanas le pusieron “La muda” en referencia a la telenovela Pantanal. Ella es la que más trabaja en las labores domésticas. Pantera, de 17, tiene personalidad fuerte, rostro felino y una voz metálica, de FM, que es común a todas las mujeres de la familia Aristich.

-La juventud gitana es más moderna; podemos tener amigos hombres, vincularnos con galletas (chilenos). Vamos a los recitales, nos gustan los Gun’s and Roses, esperamos a los artistas en los hoteles para tomarles fotos y pedirles autógrafos y vamos a las discotecas- dice Pantera.

Nina –alta, delgada y extrovertida- agrega:

-Frecuentamos una salsoteca en el barrio Bellavista y arrendamos algunas veces la disco “Traficantes de la noche”, en el paradero seis de la Gran Avenida. Vamos a pololear al cerro Santa Lucía, nos divertimos en Fantasilandia y arrendamos videos de nuestros artistas preferidos, como Luis Miguel.

En verano, es común que viajen a Villa Alemana, a la casa de algunos parientes y que desde allí vayan a Viña.

-Vamos a las playas de Reñaca y Con-Cón y en la tarde arrendamos caballos o bicicletas. Por la noche nos juntamos en la plaza del Casino de Viña. Algunos entran a jugar y otros cantan y bailan en la plaza. Los días del festival, unos van a la Quinta Vergara y el resto queda paseando fuera- cuenta Nina.

El fin del mundo

La tía Carmen, o Tuna para los gitanos, llegó a Chile cuando tenía pocos meses de edad. Su familia venía escapando de la Primera Guerra Mundial, desde Serbia. Su padre, Srauco Aristich, había dicho que quería irse al fin del mundo y –obvio- llegaron a nuestro país. Su madre, Pelaiglia Marcovich, había dado a luz a dos hijos y tres niñas.

Tuna es delgada, con voz ronca y tatuajes en los brazos.

-Me los hizo hace 50 años un chileno y fue una moda entre nosotras –explica.

Los cigarros se consumen uno tras otro; gitanos y paisanas fuman mucho. Ellas llevan las cajetillas junto con sus cosméticos en el tradicional morral, llamado kisí, que atan a la cintura.

-En Chile hay gitanos muy pobres y otros con mucha riqueza: casas, vehículos último modelo, tierras, teléfonos celulares y finos zapatos. En cambio, hay algunos que no tienen casi para comer y andan a pie pelado. Pero todos tenemos apariencia humilde y modesta, aunque existen algunos a quienes les gusta aparentar con joyas y adornos brillantes –dice Nicolás.

Para las gitanas más veteranas, la modernidad ha afectado a los paisanos. Tanto la mamá de Changa como Lola California, nieta de Espiro –el famoso rey gitano-, coinciden en señalar que hoy las diferencias socio-económicas entre los paisanos es demasiada y que ya no existe la solidaridad de antaño.

-Ahora –comentan- no se da la ayuda mutua que nosotros conocíamos y muchos se preocupan más por ostentar con sus modernas camionetas y con sus lujos que por compartir con los demás.

-Hoy en día hay gitanas de edad avanzada que las tienen en asilos; eso nunca se había visto antes entre nosotros- asegura Lola.

La mamá de Changa, por su parte, cree que los chilenos deberían ayudar a los gitanos a sobrevivir como cultura:

-Así como a los Mapuche y a otras minorías étnicas se les apoya y se fomenta su supervivencia como pueblo, creo que los gitanos también tenemos derecho a ser considerados- afirma-. Por ejemplo, debería dársenos facilidad para vivir todos juntos en una villa, como asimismo poder tener una correcta previsión, pues también somos chilenos.



Recuadros

Las “razas”

Entre los gitanos chilenos se establece una clasificación en varias “razas”. Según ellos, cada una se caracteriza por ciertos rasgos generalizadores. Sin embargo, se encuentran tan fuertemente vinculados por costumbres y por sangre que es difícil establecer los límites entre ellas.

Káwishis: se dice de ellos que son muy astutos y hábiles negociantes. Expertos en “pasar gato por liebre”. Habitan preferentemente el sur del Chile y mantienen bastante independencia del resto de las razas.

Chikarestis: son descritos como personas muy alharacas y exagerados. Son extrovertidos y no disimulan sus emociones, por lo que se les tilda de escandalosos. Se les reconoce su sencillez, su humanismo y una disposición a compartir.

Badunishis: se les caracteriza por ser fanáticos del trabajo y por poseer riqueza. Son discretos y no dan a conocer a los demás sus problemas internos. Se les critica que subordinan mucho a quien realiza las labores domésticas y que son machistas.

Kañarkis: de esta “raza” se dice que la mujer tiene una posición de mayor relevancia: que son “avispadas” y con mucha personalidad y que trabajan más que los hombres.

Junto a estas “razas” existen apellidos gitanos que se han convertido en algo así como castas, que se distinguen por algunas características peculiares. Ejemplos:

California: familia de los primeros reyes gitanos de Chile. Buenos para contar “historias”, según se dice.

Pantich: familia del actual rey gitano. Sus mujeres son apreciadas por su belleza –ojos claros y pelo rubio- y, por su supuesta fogosidad, se les denomina “francesas”.

Basovich: viven mayoritariamente en el norte de Chile: en Arica e Iquique. El resto de los gitanos los consideran poco aseados y demasiado buenos para el trago.

Otros apellidos gitanos: Nicolich, Yovadanovich, Milanovich, Savich, Marcovich, Marincovich.

A pesar de que en las enciclopedias se dice que hay otra “raza” gitana llamada boyashis, que tendría una clara ascendencia rumana, los gitanos criollos no piensan así. En primer lugar, señalan, porque hablan una lengua distinta al romané. Además porque, aunque tienen costumbres parecidas a los gitanos, son más “relajados”: no son tan estrictos con la virginidad, usan barba y se casan bastante con chileno(a)s, dicen.

Kris: El tribunal gitano

La comunidad gitana tiene su propio sistema de justicia, cuya institución máxima es la kris. Este tribunal se constituye cuando un conflicto o disputa entre dos personas no logra ser resuelto entre las familias de los involucrados. Entonces, alguno de los afectados solicita un arbitraje de la kris. Inmediatamente se corre la voz entre las familias que habitan en la misma zona de los convocantes. Todo adulto mayor tiene derecho a participar en el tribunal y, si es que lo desea, se puede hacer acompañar de un joven, “para que aprenda”. De las mujeres, sólo pueden asistir –con derecho a voz- las de más edad que quieran dar su opinión. La reunión se lleva a cabo en una casa que tenga suficiente espacio para albergar una asamblea de hasta 60 personas. El proceso, que puede durar desde dos horas hasta tres días, se realiza en un ambiente de discreción. Allí llegan los afectados a dar sus testimonios y, además, se escucha a los testigos que presentan las partes en conflicto. Luego de esto, los asistentes entran en deliberaciones, se ponen de acuerdo y llegan al veredicto. Varias veces los casos tratan de la repartición de bienes en litigio; en otras ocasiones, es para resolver las demandas de divorcio, los conflictos personales, acusaciones de hurto, de acoso sexual, etc. Cuando se trata de reparar daños causados, la kris determina multas en dinero para el ofensor y penas que van desde la prohibición de asistir a las fiestas, de visitar las casas o carpas, hasta la expulsión de la comunidad.

Las sesiones de la kris son dirigidas por paisanos que cuentan con el reconocimiento general, que tienen gran reputación y experiencia en la materia. Así, existen como 10 ó 15 gitanos que son los más solicitados para dirigir las contiendas, por lo que con el tiempo han llegado a ser considerados como una especie de “jueces” naturales, los que tienen bastante influencia en las decisiones de la kris.

Rey sui géneris

La persona que desempeña el cargo de rey gitano, cumple básicamente dos funciones. Por un lado, debe preocuparse por ayudar económicamente a las familias que estén padeciendo desgracias materiales. Por esto, los gitanos escogen para ser reyes a hombres de buena situación financiera. Esto mismo es importante para cumplir la otra función del rey: tiene que relacionarse con las autoridades chilenas para defender los intereses de la comunidad gitana que reside en nuestro país. Debe ser conocido en las comisarías, en los cuarteles de Investigaciones, en los juzgados y en las cárceles. Tiene que contactarse con los alcaldes, gobernadores e intendentes y acceder a conversar con los parlamentarios, ministros e incluso con el Presidente de la República. Debido a esto, el rey gitano necesita poseer prestigio y haberse ganado respeto. Una manera de reafirmar esas cualidades es mostrándose con muchas joyas y con ostentosos automóviles.

En la actualidad el monarca gitano es Petre Pantich, un hombre robusto de casi 80 años. Antes de él reinaron hombres de la familia California: Francisco, su hijo Espiro y luego su nieto Hugo, quien falleció en 1989. Cuentan que mantenían buenas relaciones con los presidentes de Chile elegidos democráticamente, de los cuales llegaron a obtener algunos beneficios.

El rey gitano no es un soberano que gobierne a sus súbditos. Aunque pueda tener influencia interna y ganarse el reconocimiento de la comunidad gitana, éstos no le deben obediencia. El individuo gitano es muy cuidadoso de su libertad y autonomía y cuando, por necesidad, debe elegir a mandatarios que cumplan determinadas funciones, no les entrega nunca “cheques en blanco” y todo cargo es revocable.

El sistema de decisiones en la comunidad gitana viene dado por una coordinación entre las familias, las que mantienen constantemente en comunicación (para este efecto el teléfono les ha servido de gran ayuda).

Purificación y luto

De acuerdo a la ortodoxia gitana, cuando una mujer da a luz debe pasar 40 días aislada, en un proceso de purificación. No puede ir de visita a las carpas o casas de las otras familias, como tampoco asistir a las fiestas de la comunidad. En su hogar se le separan los servicios y no debe cocinar.

Transcurrido ese tiempo, puede bañarse y volver a la forma de vida habitual.

El recién nacido no tiene que ser tocado por personas que no sean de la familia. A los tres días de que el infante llega al mundo, los familiares dan aviso de la buena nueva visitando las casas o carpas de sus amigos, a las que les arrojan gotas de agua bendita. A continuación, los paisanos se reúnen y realizan una fiesta, en la que se le busca un nombre al bebé. Una vez que la asamblea escoge la gracia, se junta dinero para obsequiárselo a los padres, quienes deberán utilizarlo en beneficio del recién nacido.

Más tarde, si los padres pertenecen a alguna religión, es bautizado en la respectiva Iglesia.

Finalmente, sin mayor apuro, se inscribe el nacimiento en el Registro Civil. Allí se les coloca el nombre gitano o cualquier otro más común a los chilenos. Por esto, hay paisanos que aunque se les conozca por sus gracias zíngaras, en el carné de identidad muestran otras más corrientes para el común de la gente.

Cuando una persona fallece, se avisa inmediatamente a los parientes que están lejos o en otros países. Durante dos días y dos noches se efectúa velorio, para el cual se preparan cosas para beber y alimentar a los asistentes. Si el que murió es un hijo, el gitano, que normalmente no usa barba, se la deja por una año; si es un hermano, por seis meses y si es un primo o amigo, por siete días. Durante el mismo período no debe ver la televisión en su hogar ni concurrir a fiestas, tampoco escuchar radio. Tanto el pariente hombre como mujer, mientras dure ese tiempo de luto, no tienen que tocar el jabón, la colonia ni el perfume, como tampoco peinarse.

En las visitas a las tumbas de gitanos en los cementerios, los paisanos les llevan cigarrillos, que encienden y dejan consumirse como si fuera el deudo el que los fuma. También llevan flores y velas para prender.

Toda la familia gitana venera a sus antepasados y conserva sus imágenes en fotografías, que adornan sus casas o las carpas en los ritos importantes como el matrimonio. El mayor insulto entre los zíngaros es faltarle el respeto a sus muertos: “concha tus muertos” es la ofensa más grave entre ellos.

Fotografías :

1) Familia Aristich-Marcovich al llegar a Chile en 1918.

2) Nicolás Aristich: tesorero y jefe de la juventud gitana, según él.

3) Los gitanos no se casan por el Civil ni por la Iglesia.

4) Lucrecia Aristich con sus nietas Maruzia y Lira.

5) Según los gitanos criollos, son los más pobres de América.

6) Desde pequeñas se les enseña a las gitanas que no deben mostrar las piernas en público.

7) Tuna o Carmen es muy querida por sus varias amigas chilenas.

8) Entre los gitanos la herencia la recibe el hijo menor.

(Publicado en la revista El Canelo Nº41, marzo 1993)

2 comentarios:

Galia Libertad dijo...

Muy buen articulo, considerando que aun no hay mayores intervenciones o investigaciones en Chile frente al tema, mucho menos de su lengua, aunque hayan llegado hace 100 años aprox. Donde aun no hay un adecuado sistema de salud o educativo para esta rica cultura, que seguro aportaría una visión diferente sobre las minorías culturales que se han cultivado y adaptado en la tierra de todo chileno y américa latina.

Deivid Espinoza dijo...

Muy bn explicada la istoria delos gitanos. Yo soy unos de eyos. De padre y madre dela rasa California. Megustaria. Aporta con conocimientos y que se sepa más istoria sobre nosotros los gitanos.